
Las reformas constitucionales pueden aprobarse en un par de horas, pero sus efectos se revelan lentamente a través de las decisiones que cambian, en los silencios de las instituciones y en los nuevos incentivos que comienzan a orientar a quienes imparten justicia. Julio Ríos Figueroa lleva años siguiendo esas huellas. Ahora, a través del Observatorio de la Justicia, analiza un Poder Judicial que sustituyó concursos por campañas, fragmentó sus órganos de gobierno y colocó la disciplina judicial en manos de un tribunal todavía opaco. Su mirada permite ir más allá de las ceremonias, los discursos y las sesiones públicas para preguntarnos qué está ocurriendo dentro de los juzgados. Esta conversación es también una advertencia de que sin información no podemos saber si la reforma está mejorando la justicia, debilitando su independencia o transformándola de maneras que aún no alcanzamos a ver.
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